La vida de Brian: la película que se burló de todo y terminó siendo un clásico eterno


La vida de Brian: la película que se burló de todo y terminó siendo un clásico eterno

Queridos lectores de Años Dorados, hoy quiero invitarlos a recordar una de esas películas que, con el paso del tiempo, no solo no envejecen sino que se vuelven más entrañables. Hablo de "La vida de Brian", esa joya de 1979 firmada por los irreverentes Monty Python que tantas carcajadas nos arrancó y que, todavía hoy, sigue teniendo algo que decirnos.



Una historia disparatada con aroma a clásico

Imagínense la escena:

un pesebre cualquiera, en Judea, hace unos dos mil años. Allí nace Brian, un muchacho común y corriente, en el establo de al lado del que ocupó Jesús.

Y desde ese preciso instante, la confusión lo persigue:

la gente lo toma por el Mesías, lo venera sin motivo y lo convierte, sin quererlo, en líder de cuanto grupo rebelde se le cruza. El pobre hombre solo intenta sobrevivir a los romanos y a sus propios seguidores, que no lo dejan en paz.

La película obtuvo nada menos que un 96% de aprobación de la crítica y un 93% del público. Números que hablan solos.


Cómo nació semejante locura

Todo empezó como una broma entre amigos. Durante la gira de "Los caballeros de la mesa cuadrada", a Eric Idle se le ocurrió proponer como título para el siguiente proyecto "Jesus Christ: Lust for Glory". Y de esa chispa nació todo.

Lo que pocos saben es que la película estuvo a punto de no ver la luz. EMI Films retiró su apoyo apenas unos días antes de que el equipo viajara a Túnez para empezar a rodar. Lord Bernard Delfont, presidente de la compañía, leyó el guion y decidió que el tema era demasiado delicado. Según Terry Gilliam, "retiraron el dinero el jueves; la tripulación debía partir el sábado. Fue desastroso".



Y aquí entra en escena un ángel de la guarda muy particular:

George Harrison. El ex Beatle, confeso admirador del humor de los Python, no dudó un segundo.

Hipotecó su mansión de Friar Park y las oficinas de su mánager para reunir los cuatro millones de dólares que hacían falta. Cuando le preguntaron por qué lo hacía, respondió con una sencillez conmovedora:

"simplemente quería verla".

Eric Idle lo describió después como "el billete de cine más caro de la historia".


Anécdotas que merecen contarse

El rodaje en Túnez tuvo sus más y sus menos. Aprovecharon los decorados, vestuarios y extras que habían quedado de la miniserie "Jesús de Nazaret" de Zeffirelli, rodada allí mismo un par de años antes. Y vaya si los aprovecharon.

Terry Gilliam, esta vez, decidió no codirigir. Después de los roces con Terry Jones en la película anterior, prefirió centrarse en el diseño de producción. Los guionistas trabajaron por parejas: Cleese con Chapman, Palin con Jones, y Eric Idle en solitario. Según Idle, en las sesiones grupales "ocurría una cantidad tremenda de cosas y nunca podemos recordar quién dijo qué".

Para escribir el guion, el grupo se aisló en Barbados durante varias semanas, sin parejas ni distracciones. Hasta allí los siguió Keith Moon, el baterista de The Who, esperando salir de fiesta con ellos. Moon estaba contratado para interpretar a un predicador loco y había aprendido todos sus diálogos. La última vez que Terry Jones lo vio fue en una función donde Moon lo abrazó emocionado. A la mañana siguiente, fue encontrado muerto por sobredosis. Una historia triste que quedó para siempre ligada al rodaje.

Otra curiosidad:

durante el rodaje del Sermón de la Montaña en Matmata, las extras tunecinas desaparecieron de repente.

¿El motivo? Preparar té para sus maridos. Cuando regresaron, Eric Idle exclamó que se veía genial y se filmó tal cual.

Y hablando de sorpresas:

Kenneth Colley, quien interpreta a Jesús, sufría tartamudeo en la vida real, pero era brillante ante la cámara.

Gilliam ya lo había dirigido en "Jabberwocky" y posteriormente aparecería como el almirante Piett en "El imperio contraataca".

Terry Jones interpretó a la madre de Brian, a quien bautizó como la Virgen Mandy. El bebé de la escena del nacimiento tenía apenas dos días de vida y fue "prestado" al equipo para la filmación.

Los grafitis en los muros de Jerusalén se pintaron sobre paneles falsos porque no podían escribir sobre las paredes sagradas del Ribat de Monastir. Las manchas de pintura tardaron en limpiarse y el equipo tuvo que repintar las piedras de noche.

John Cleese fue profesor de latín antes de dedicarse a la comedia. Terry Gilliam cree que esta experiencia explica el aire magistral y didáctico que Cleese imprime a personajes como el centurión que corrige la gramática de Brian.

La escena de la lapidación fue ensayada repetidamente por Palin, Cleese y Chapman el día anterior, utilizando a extras como guardias romanos para perfeccionar la coreografía de lanzar piedras mientras se tapaban la cara.

Terry Jones quiso que la película pareciera un épico bíblico de arte, con colores oscuros y evitando la iluminación excesiva típica de las comedias. El director de fotografía fue Peter Biziou, posteriormente nominado al Oscar por "En el nombre del padre".



La nave espacial y otros delirios


Gilliam dedicó gran parte de su energía a la secuencia de animación del opening, utilizando fotografías de Roma puestas del revés y, según sus palabras, "muchas lavanderías". La nave espacial que rescata a Brian fue idea suya, quien no sabía dónde encajar más animación. Los efectos se hicieron con columnas romanas y tapacubos, y la banda sonora de los cambios de marcha era en realidad el ruido de una motocicleta.

Aproximadamente la mitad de la película se rodó con cámara en mano. El operador John Stanier, que había trabajado en "Midnight Express", abandonó el Steadicam por ser demasiado voluminoso y caminó hacia atrás bajo el sol de Túnez con una cámara manual.



Cuando la censura también fue protagonista

La película fue prohibida en Irlanda y en Noruega, censurada en Malasia y en Singapur, y vetada en Sudáfrica bajo el apartheid. En el Reino Unido, once consejos locales la prohibieron y otros veintiocho elevaron la clasificación de edad. En Suecia, el estudio aprovechó la controversia con el eslogan "La película tan divertida que fue prohibida en Noruega". La prohibición noruega duró un año; la irlandesa, hasta 1987.



El cameo más famoso de un Beatle

Como agradecimiento, George Harrison recibió un cameo minúsculo:

interpreta al señor Papadopoulos, propietario del Monte, que estrecha la mano de Brian en medio de una multitud.

Su única línea, un escueto "ullo" con acento de Liverpool, tuvo que ser doblada por Michael Palin porque Harrison no sonaba lo suficientemente escouse. La productora Handmade Films, creada para la ocasión, no solo salvó "La vida de Brian", sino que financió obras maestras como "Time Bandits" y "Withnail and I".



La música: un contraste delicioso

La banda sonora de esta película merece un capítulo aparte. En lugar de recurrir a composiciones simplonas, la música instrumental encargada a Geoffrey Burgon adopta un estilo épico, dramático y majestuoso que evoca las grandes superproducciones bíblicas de Hollywood. Esta seriedad orquestal actúa como el contrapunto perfecto para las situaciones desternillantes.

Dos canciones inolvidables escribió Eric Idle para la ocasión. La primera es "Brian Song", interpretada por Sonia Jones a modo de parodia grandilocuente del estilo de las películas de James Bond, exaltando como un héroe mítico a un personaje que solo busca ser un tipo ordinario. Pero la cúspide llega con "Always Look on the Bright Side of Life", entonada por los condenados en sus cruces durante el clímax final. Esta melodía alegre de estilo music-hall transmite un mensaje de optimismo cínico frente a la muerte inminente, convirtiéndose en el exponente definitivo del humor negro británico.

El impacto de esta canción trascendió la pantalla hasta convertirse en un fenómeno cultural en el Reino Unido. Hoy en día es entonada habitualmente en estadios de fútbol, ha sido cantada en situaciones de crisis militar e incluso se ha consolidado como uno de los temas más populares en los funerales británicos. En definitiva, la música de la película triunfa porque comprende que la mejor comedia requiere un marco formal riguroso y una absoluta elegancia.



Un legado que perdura

A pesar de la controversia, fue la cuarta película más taquillera del Reino Unido en 1979 y la británica más exitosa en Estados Unidos ese año. En una encuesta de Channel 4 de 2006, fue votada como la mejor comedia de todos los tiempos. George Harrison arriesgó prácticamente todos sus ahorros personales en el proyecto, y Handmade Films se convertiría en una de las productoras independientes más importantes del cine británico de los años ochenta.

La historia de cómo "La vida de Brian" llegó a existir es tan absurda como cualquier escena de los Monty Python. Y quizás por eso mismo, por esa mezcla de locura, amistad y obstinación, sigue siendo una película que atesoramos con cariño.


Aquí les dejo el enlace al tráiler para que revivan la magia:





Y por supuesto, no podía faltar la canción que nos enseñó a silbar frente a la adversidad:





Hasta la próxima, queridos lectores. Y recuerden: siempre miren el lado luminoso de la vida.

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